miércoles, 30 de septiembre de 2015

Lo que nos cuesta aceptar que pueden existir diferentes puntos de vista

Muchos pensaréis que en un mundo en el que no hubiera tanta diversidad de percepciones ante un mismo hecho o una misma situación sería todo más fácil y menos conflictivo. Quizás así sería, pero desde una visión positiva también debemos pensar que la posibilidad de compartir diferentes puntos de vista enriquece los resultados de cualquier decisión que se tome en consenso.

La importancia del respeto mutuo, de la escucha activa, de la empatía y el trabajo colaborativo permanente para tener una buena inteligencia emocional son claves en las personas que están opinando o debatiendo sobre algo o alguien.

En situaciones de equipos de trabajo, por ejemplo, cuando se trata de emprender un proyecto, diseñarlo, ejecutarlo y obtener resultados, son necesarias varias reuniones en las que todos tengan la oportunidad de expresar sus diferentes puntos de vista. Si todo fuera tan sencillo y cualquier persona viera exactamente lo mismo que los demás y desde la misma perspectiva, ¿qué sentido tendría el grupo? Únicamente sería necesario formar un equipo para la ejecución del proyecto, todo lo demás bastaría con una única cabeza pensante. Es por ello que en ocasiones conviene distanciarse para entender que lo que uno opina puede quedar anulado cuando otra opinión contrarresta la primera y, que lo que a uno se le escapa, puede quedar complementado cuando otro sí lo ha estado pensando.

En la vida no profesional ocurre exactamente lo mismo: en los grupos de amigos, en tu relación de pareja, en la familia, en la sociedad… es necesario que exista más de una única opinión para poder acabar escogiendo el camino más adecuado, aunque también es cierto que esto no siempre es posible.

Independientemente de que sea mejor tener varios puntos de vista por los motivos que he tratado de explicar, lo que debe existir por encima es siempre la aceptación de que todas las opiniones son igualmente válidas. Ninguna persona, sin excepción, merece ser desacreditada cuando manifiesta su opinión, porque la está defendiendo al considerarla la mejor.

En definitiva, se trataría de que todos aceptásemos este punto clave en las relaciones interpersonales (la aceptación mutua) y poner en práctica nuestras técnicas negociadoras, colaborativas, asertivas, empáticas… con el fin de demostrar que puede existir una opinión más efectiva o también una opción integradora de varias opiniones, que den como resultado una más completa y en ese caso, la mejor.

Este video refleja esto que explico de una manera cómica. Diferentes situaciones convertidas en hipérboles de lo que son los diferentes puntos de vista de varias personas. Espero que os resulte divertido y permitirme que haga humor de algo tan serio como es la aceptación de cualquier opinión independientemente de quien provenga.

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lunes, 21 de septiembre de 2015

Los ¿porqué? son más importantes que los ¿cómo?

"Hat man sein warum? des Lebens, so verträgt man sich fast mit jedem wie?
(Friedrich Nietzsche, Götzen – Dämmerung)
Cuando uno tiene su propio ¿porqué? de la vida se aviene a casi todo ¿cómo?” 
(Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos)


Nada más y nada menos que hace unos 125 años el filósofo Friedrich Nietzsche publicaba esta reflexión sobre la vida que unas décadas más tarde, hacia 1946, el psiquiatra Viktor Frankl utilizaría como argumento en su obra “El hombre en busca del sentido” a la que ya me he referido en otros artículos.

A pesar de la antigüedad de estas citas, en la actualidad siguen teniendo el mismo peso e importancia cuando tratamos un tema tan genérico y compartido por las diferentes culturas y religiones como es el de la felicidad.

Cada día nos despertamos con la tarea de desempeñar diferentes acciones que están orientadas a un objetivo o meta: la acción de ir a trabajar para conseguir dinero con el que poder pagar la hipoteca este mes; la acción de ir a comprar para preparar un delicioso plato para la cena con la familia; la acción de ir al gimnasio para conseguir un cuerpo tonificado… Pero estos objetivos pueden ser también a medio y largo plazo: preparar un viaje, encontrar un empleo nuevo, llegar a formar una familia, construirme una casa en el campo…

Fijarnos objetivos que pueden llegar a ser alcanzables nos ayuda a mantenernos activos, a ser constantes, a luchar y esforzarnos en cada una de las acciones que nos ayudarán a alcanzar ese momento que para nosotros se convierte en la meta. Sin darnos cuenta nos autoalimentamos y nos creamos una ilusión, porque tenemos un motivo (un porqué) por el que vale la pena seguir levantándonos cada día y dedicar nuestra energía en estas acciones. Este porqué es el motor de nuestro esfuerzo para conseguir el objetivo y, sólo sabiendo que queremos llegar a él, encontraremos los caminos (los cómo) más propicios para seguir avanzando. 

¿Pero qué ocurre si tras el sacrificio no obtenemos el fin que nos propusimos? Es en el momento en que nos hacemos esta pregunta, cuando tenemos que ir a buscar nosotros mismos la siguiente respuesta que también todos conocemos: “se trata de disfrutar de los momentos, del proceso, del camino y sólo así, independientemente de cuál sea el resultado, podremos decir que hemos sido felices”. 
 
El gran error (el peor error) que podemos cometer en esta vida, es pensar que seremos felices cuando llegue el día del viaje, cuando llegue el día en que tenga un cuerpo diez, cuando me haya construido la casa en el campo y la pueda disfrutar con mi familia… quizás ese día no llegue o quizás llegue de manera diferente a como esperábamos. ¿Para qué arriesgar entonces y esperar a conocer el resultado?, mucho más fácil será ir disfrutando de los pequeños momentos que encontramos mientras llevamos a cabo las acciones que emprendemos a diario, ¿no crees?.

Como marco de este artículo me apetece compartir contigo este video, porque realmente al verlo me he sentido identificado. Quién no ha ido solo a la playa y ha disfrutado de una espléndida mañana mientras dejaba escurrir la arena entre sus dedos, quién no ha ido caminando por la calle pisando únicamente las baldosas de un color o haciendo equilibrio sobre el bordillo que separa la acera de la carretera, quién no ha jugado con las sombras de sus dedos en una pared blanca intentando crear figuras,... ¡¿quién no?!

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jueves, 10 de septiembre de 2015

Las nuevas tecnologías: ¿una vida más fácil o más peligrosa?

Quienes hemos vivido la transición hacia la nueva era de las TIC lo tenemos más fácil para comprender el tipo de reflexiones que hoy comparto con vosotros.

Antes…
En la vida personal y cotidiana…¿Recuerdas cuando salías con tus amigos y tus padres te marcaban la hora de regreso?. Durante esa tarde llevabas en tus bolsillos las llaves de casa y alguna moneda, además de tu reloj de pulsera para estar pendiente de la hora que era. Charlabas con tus amigos, ibas al cine y, si te surgía un nuevo plan por el que llegarías más tarde, buscabas una cabina  de teléfono para avisar en casa de que retrasabas la hora de llegada pactada porque habías pensado en ir a probar los sabores de la nueva heladería que acababan de abrir.
En el trabajo…En el caso de la oficina, que es donde ahora la tecnología ocupa un papel protagonista, iniciabas el día delante de tu máquina de escribir (si era electrónica ya era todo un lujo) y junto al teléfono. La jornada trascendía con llamadas, papeleras llenas de documentos erróneos, carteros que iban y venían con comunicados para tus clientes y eras totalmente ajeno a lo que ocurría en el mundo más allá de esas cuatro paredes en las que te encontrabas.
Y en la sociedad en general…Si estabas interesado en saber qué ocurría en otras ciudades o en otros lugares del mundo tenías que estar a la hora de comer escuchando atentamente las noticias y, si querías ver alguna película o programa de televisión no tenías más remedio que estar pendiente de la hora en la que se iniciaba.

Ahora…
Además de las llaves y del dinero, no te puede faltar el móvil. Poco o nada hablas con tus amigos, porque mientras estás en la cafetería o caminando por la calle lo más seguro es que todos estéis pendiente del móvil, que por supuesto también ahora se usa como reloj. En el cine te avisan que por favor apagues tu teléfono y, si vas a llegar tarde a casa, simplemente con un whatssap quedará solucionado. Ya no hay que esperar a llegar a casa para contar la experiencia del helado; tan fácil como hacerle una foto y colgarla en Facebook o Instagram, ofreciendo el acontecimiento a toda tu red de contactos o incluso a desconocidos que mediante #hastags pueden conocer los sabores que te gustan y el lugar exacto de tu ubicación.
Tu portátil, el móvil y las redes sociales son las herramientas sin las que ya no sabrías desempeñar tus funciones. Mails, llamadas, whatssaps, notificaciones en Twitter, LinkedIN… colapsan tu jornada laboral. Ahora sí que en cualquier momento a través de estos medios puedes saber qué está ocurriendo fuera de la oficina. Tu día de trabajo, en muchas ocasiones, no termina cuando fichas a la hora de salir, sino que en el transporte o incluso antes de ir a dormir pueden estar avisándote de una reunión urgente para mañana a primera hora.
También puedes estar al corriente desde prácticamente cualquier rincón del mundo y a cualquier hora de lo que está ocurriendo. Y si no puedes estar en casa a la hora de las noticias o del peliculón de la semana no tienes por qué preocuparte, tan fácil como conectarte a Internet y podrás acceder a cualquier contenido.

Reflexión…

Sin duda unas pocas situaciones de muchas que podríamos explicar ¿verdad?. Realmente, las NTIC nos han ayudado y mucho en poder ser omnipresentes, pudiendo estar en cualquier lugar y con quien queramos, aunque no sea físicamente. Pero no debemos olvidar, y aquí viene el punto en el que invito a la reflexión, que también se han convertido en nuestra peor arma, llegando a ser en ocasiones muy peligrosa.
  • Si las nuevas tecnologías te permiten conocer, enamorarte y unirte a alguien, también dan pie a que existan un mayor número de infidelidades y rupturas de pareja.
  • Si te ayudan a estar en contacto con personas que se encuentran muy lejos de ti, también te hacen distanciarte de las que en esos momentos tienes a tu lado.
  • Si te permiten más libertad laboral pues no es imprescindible estar físicamente en el puesto de trabajo, también te pueden hacer más esclavo de tu tiempo libre.
  • Si con ellas puedes explicar a cualquier persona dónde te encuentras y con quién, también esa información puede usarse en tu contra y ser aprovechada por ladrones que desvalijan tu casa con la total confianza de que te encuentras muy lejos de ella.

Y con esta lista de casos, también podríamos seguir un buen rato ¿cierto?. Porque no debemos bajar nunca la guardia y pensar sólo en la comodidad que los avances tecnológicos nos aportan, sino que también debemos ser conscientes de los riesgos que traen y de la necesidad de prevenirlos haciendo un buen uso y una buena gestión de la red de conexiones en la que nos encontramos inmersos durante las 24 horas de un día cualquiera.