lunes, 8 de mayo de 2017

El jefe tóxico, un depredador del buen clima laboral (por Israel Manuel Fagundo)


Comparto con vosotros este artículo que me ha resultado interesante.




Existen varias razones por las que una persona puede tener una crisis laboral, desde incompetencia, dificultades con sus iguales, hasta problemas con los superiores.
Los chismes, la envidia, el arribismo, la mediocridad, la hipercrítica y las presiones que vienen de “arriba”, constituyen platos fuertes de la carta de algunos centros de trabajo, promovidos por los propios directivos.

Los aspectos organizacionales, estilos de dirección, liderazgo, comunicación e interrelación en el ámbito laboral, repercuten en la salud física y mental de los trabajadores. Estos aspectos dependen, en gran medida, del tipo de jefe que tengas. Las tensiones y conflictos irán de mal en peor, sobre todo, si se trata de un jefe tóxico.

“Mi jefe es muy impulsivo, desconsiderado, grosero, ladino; trabajar con él es una verdadera pesadilla, por eso voy a renunciar... Tengo capacidad para desempeñar mi puesto, pero seguir allí me asfixia”. Así me dice en consulta una profesional que atraviesa una crisis depresiva a raíz de un conflicto laboral en su empresa.

Se le llama jefe tóxico al líder negativo que trata mal a sus subordinados, también a aquel que, aunque no grite ni insulte, tiene otras características que complican y ponen en riesgo el trabajo de varias personas.
Un jefe tóxico no sabe guiar a los miembros de un equipo, no los motiva, no los enseña, no los cohesiona, más bien genera conflictos entre ellos, frustraciones y malos entendidos. No sabe utilizar la persuasión pero sí toda la gama de amenazas disponibles.

Jefes tóxicos, como los alacranes

José L. González de Rivera y Revuelta, Catedrático de Psiquiatría y Psicología Médica, en un artículo publicado en el periódico español El País, en su sección de Salud, nos advierte:
“Como los alacranes, los jefes tóxicos sólo se desarrollan si están en el entorno apropiado. Una organización sana se ocupa por sí misma de eliminar a tiempo trepas desaprensivos y mediocres inoperantes, de tal manera que nunca llegan a alcanzar posiciones relevantes desde las que puedan hacer daño.


Por lo tanto, si te encuentras sufriendo alguna modalidad de acoso en el trabajo, lo más probable es que tu empresa no tenga ningún interés por promocionar la excelencia y que en ella sean más importantes el poder, la conformidad y el control que la satisfacción, la autonomía y la productividad”.

Identificar a los jefes tóxicos y aprender a lidiar con ellos es fundamental para que para que puedas tener una estabilidad laboral y no se afecte tu salud emocional.

El perfil de un jefe tóxico

¿Has tenido que lidiar con uno de estos jefes? Según el libro “Nuevo management para dummies” no sería extraño porque cuatro de cada diez jefes lo son. Sus autores, Ana M. Castillo y Juan C. Cubeiro, son profesionales de experiencia en el mundo empresarial y universitario, a su juicio, el mejor directivo es "aquel que es capaz de combinar mente y corazón en sus decisiones y acciones".

Por supuesto, de esto son incapaces los jefes tóxicos. Ellos son arrogantes, altaneros, soberbios, se creen infalibles. No aceptan opiniones discordantes. Son autocráticos, se comportan como tiranos con sus subordinados y como pelotas con sus propios jefes. Responden con ira cuando las cosas no salen bien y se expresan como si fueran poseedores de la verdad absoluta.

Hay personas incompetentes ocupando puestos de dirección y muchos jefes son tóxicos porque no dan la talla.

El único interés de un jefe tóxico: la supervivencia en el poder

Gerardo Bustos en Trabajando más por un poco menos se acerca a tan sensible situación, y nos abre nuevas visiones del problema.

Los jefes tóxicos no son sólo malos jefes. Son verdaderos depredadores, generan consecuencias destructivas con su actuar y destrozan equipos construidos a lo largo de años.

Su único interés es la supervivencia en el poder. La singular costumbre de nombramientos de jefes desde las “estructuras correspondientes”, es un caldo de cultivo ideal para la existencia de un porcentaje significativo de jefes tóxicos en el sector estatal, aunque también presentes en el sector privado.

Si has leído hasta aquí, seguramente te interesa el tema y quizás compartas algunas de las ideas expuestas sobre estos jefes “virulentos”, duchos en utilizar la palabra para confundir, intimidar, distorsionar, disociar, desacreditar, engañar y hacer demagogia.

Voy a escribir ahora una frase, un mensaje, a quienes dirigen sin ser auténticos líderes, pero que tal vez con flexibilidad, humanismo e inteligencia puedan aprender a ser jefes con una filosofía gerencial más adecuada. Aquí les va:


“La palabra tiene mucho de aritmética: divide cuando se utiliza como navaja para lesionar; resta cuando se usa con ligereza para censurar; suma cuando se emplea para dialogar, y multiplica cuando se da con generosidad para servir”. (Carlos Siller).

Hagamos algo, copiemos el texto anterior y peguémoslo en el cuerpo de un nuevo mensaje de correo electrónico que enviaremos a nuestros contactos, incluyendo a nuestro jefe. En Asunto: “Para jefes tóxicos: Acerca del uso de las palabras”.

Ahora solo queda colocar el puntero en enviar... y dar click izquierdo... Esperemos a ver si hay algún tipo de resonancia.


15 de Abril de 2017
http://www.radioangulo.cu/

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